Sin máscara, fuera de los carriles, la vida

Si permaneciésemos como nacimos, ¡caray!, sería muy lindo. Pero, mira en lo que la mayoría se convierte al crecer. La verdad es que no deberías necesitar de maquillaje. ¿Por qué usas maquillaje? ¿Para esconder la fealdad en los días de fiesta, verdad? – Un poco de rímel aquí, un corrector allá… y así engaño a todo el mundo”. Sí, porque con la cara pelada, así como realmente te sientes, no funciona.

Ok, en realidad no es tan terrible, lo estoy poniendo en un punto extremo para hacer gráfico el entendimiento propuesto. Satsang es lo que permite, primariamente, darnos cuenta de que fuimos absurdamente condicionados a sentir y a pensar. Sin embargo, de hecho ¿qué es tuyo?

Aunque no duermas esta noche pensando sobre esto – “¡mi Dios! soy de segunda mano…” – descubre lo que es tuyo. Tú nariz es de tu papá; tus ojos, de tu mamá; el cabello, de tu abuela… ¡nada es tuyo!

Sin embargo, al volver hacia dentro – que es la propuesta de Satsang – descansas en aquello que verdaderamente eres. Y, hasta la genética heredada, se organiza; de maneras inusitadas, inclusive. Es muy posible que hasta tus padres quieran saber lo que anda sucediendo para que estés tan diferente.

Este “diferente” – que también puede ser llamado “extraño” o “desconocido” – es el principal enemigo del condicionamiento. Mira: según nuestro condicionamiento, no se debe conversar con extraños. El condicionamiento es aquello que no permite que tú “te salgas del camino”. Bajo los condicionamientos impuestos, se vive preso dentro de un perímetro mínimo. De repente, miras para el costado y percibes que estás casada con alguien que es igual a tu papá o tu mamá. Algo fue interrumpido y tú estás buscando, desafortunadamente, recuperar eso. Pero, no existe ninguna razón para que te cases con tu papá, ¡tu mamá ya lo hizo! Tú debes casarte con otra persona, alguien completamente nuevo. Casarte con tu papá no va a funcionar, tienes que buscar algo diferente.

Pero, ¿cuantos de nosotros nos damos cuenta de eso? ¿Cuántos de nosotros nos damos cuenta de que no necesitamos repetir los mismos modelos? ¿Por qué no revisar todo eso y crear nuevas formas de relacionarse, de pensar, de sentir, de ser?

Vuelve al seno de aquello que eres y reorganiza ese orden impuesto. Solamente así verás ciertas situaciones surgiendo y tú teniendo como respuesta una sorpresa. Y, cuando comienzas a sorprenderte contigo mismo por tener respuestas inusitadas, comienzas a sentir una enorme alegría de vivir que no se compra en la farmacia, que viene de dentro. De repente, comienzas a ser feliz contigo mismo, a amarte a ti mismo. Por el simple hecho de estar vibrando de una manera distinta, sin maquillaje.

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Ni eso, ni aquello

Para saber quién eres, ¿es posible leer al respecto en algún libro? En verdad, no. Hay muchos libros que hablan de “ti”, pero no son más que apuntamientos. Y no hablan de ti, exactamente, pues, de lo que realmente eres, es imposible hablar.

En este sentido, hasta el conocimiento fundamental es intermediario y no sirve para una experiencia directa. En la experiencia directa no existe intermediario, no hay nadie que esté entre tú y el objeto de conocimiento. Por eso, propongo que estés atento y mires hacia donde está siendo apuntado.

Si pregunto “¿quién eres tú?”, desde el punto de vista común, ¿qué tendré como respuesta? Cualquier persona dirá, primeramente, un nombre – “soy María”. Existe una identificación profunda con el nombre. Eso es simple de entender, así como es simple entender la siguiente afirmación: tú no eres tu nombre.

Pero, decirle eso a alguien, en el nivel de comprensión del sentido común, es como decir nada. No va a entender. Entonces, mira: el conocimiento al cual nos estamos aproximando, no tiene nada que ver con el sentido común. Es un sentido absolutamente incomún. Por eso, es necesario lidiar muy atentamente con esos apuntamientos.

Cuestiónate: ¿Tú eres tu nombre? ¿Eres hombre o mujer? ¿Eres tu cuerpo?
Para un médico – por más alto conocimiento técnico que pueda tener al respecto de cualquiera que sea su especialización – tú eres un cuerpo. O sea, él tiene un aprendizaje profundo en un determinado campo y completa ignorancia al respecto de lo esencial.

Por lo tanto, para saber quién eres tú, es necesario alejarte completamente del conocimiento aprendido. De todo el conocimiento aprendido. ¡Todo! Todo lo que aprendiste ayer no sirve para saber quién eres. Estamos aquí para ver exactamente eso, para tener la máxima claridad de que de nada sirve, absolutamente nada de lo que la mente postula.

Esto ya sería suficiente. Pero, como dudo de que tu mente vaya a aceptar abandonarse a sí misma en pro de algo que desconoce, apenas mantente atento a todo aquello que no eres. Eso te estará aproximando a quien tú eres.

Lo aparente desaparece en la presencia de la ausencia

Estamos identificados con un objeto que no somos. Tal identificación se establece social, familiar y sensorialmente; además de lo psicológico. Estoy hablando del cuerpo. Observa: tú crees que eres tu cuerpo – y ese es tu más grande problema.

¿Cómo desenmarañarte de esa idea, de esa creencia profunda? Si a pesar de parecer indiscutible, no passa de ser una creencia mal investigada. Tú crees que eres ese cuerpo ahí sentado, y suena casi como una blasfemia proponer que no lo seas.

Pero, si estás dispuesto a investigar, existen maneras de comenzar a darte cuenta de que lo aparente no eres tú. Comparto algunas alternativas:
Por ejemplo: anoche dormiste y hubo un momento en que no sabías siquiera que estabas durmiendo. En aquel momento, no sabías dónde estabas, dónde estaba el mundo, dónde estaban tus problemas, tu família… ¡nada! O sea, hubo um momento, en médio de la noche, en que todo desapareció. Todo. No retuviste la identificación con lo aparente.

Comenzaste a contar ovejitas – uma ovejita, dos ovejitas – y, de repente, ¡pafff! Todo desapareció. Y en ese momento, cuando todo desaparece, por increíble que parezca, es el mejor momento del día.

Neurológicamente, si quedaras incapacitado de tener esa experiência de desaparecimiento, no funcionarías bien después de aproximadamente 72 horas.
Luego, serías incapaz de digerir, pensar, comenzarías a alucinar… Eso indica que, en el mismo sistema, está programada la posibilidad de desidentificarte de todo. Solo no capitalizamos eso en términos conscientes.

Ahora, pondera si, inclusive com los ojos abiertos, oyendo ruídos, viendo y pensando cosas – ya sea sentado en la sala, en el escritório, en el ómnibus, en el auto, o donde quiera que estes – de repente todo desaparece. ¿eso sería pedirte mucho? No.

Como dicen los antiguos, este es el único refugio: cuando consciente, despierto, las cosas no son lo que aparentan ser.

La fragilidad de los huevos, el otro y el fin de la corrupción

Insistes en confrontar al otro, pero, ¿quién es el otro? Pregúntales a las personas cerca de ti, haz una investigación y, si puedes, mira con claridad y ve dónde está inserta la idea del otro en ti.

¿Dónde está el otro? ¿Está en tu pie? ¿En tu corazón? ¿En tu barriga? ¿En tus ojos? ¿En tus oídos? ¡Mira! No tiene nada que ver con el sistema corporal, no tiene nada que ver con la fisiología, no tiene nada que ver con esa estructura a la que llamas “yo”. Es mucho más sutil. Es por eso que el enemigo es siempre invisible. Si fuese visible, ya lo hubieses notado y ya habrías parado de sufrir. Más profundamente, es posible ver que el enemigo es tú mismo.

¿Por qué Jesús nos propuso amar a nuestros enemigos? Porque si amas a tu enemigo, listo, tu problema se acabó. Pero ¡cómo es difícil! ¿Verdad? Tú quieres matar a tu enemigo – el vecino-enemigo, la nación-enemiga, el partido-enemigo, el infiel amante-enemigo, etc.

Oímos de grandes sabios religiosos que, la verdadera religiosidad, el verdadero acto religioso, es lograr ponerse en el lugar del otro. ¿Qué quiere decir eso? Intenta percibir por qué el otro actúa de esa manera. En mi opinión, si me permites, es que no tiene la menor idea de la razón por la que actúa de esa manera. Está tan condicionado a responder a impulsos inconscientes que, simplemente, no sabe. Así, por lo tanto, tampoco tú.

Y, cuando dos personas inconscientes de si responden a sus oscuros impulsos, ¿qué puede resultar de eso? Por más que la bandera “fin de la corrupción” sea linda, ¿por dónde comenzar? ¿Quieres mi opinión, de nuevo? Comienza por ti. Sé honesto contigo mismo. Ser honesto con la honestidad es muy fácil, difícil es ser honesto con la deshonestidad intrínseca que proyectamos hacia el lado de fuera. Entonces, una vez más, ponerse en el lugar del otro es fundamental.

El mal no es el otro, el mal es quien yo pienso que el otro es. O que, en verdad, por consiguiente, es lo que pienso con respecto a quien yo soy, primariamente. Entonces, cuando los ojos se abren, cuando comienzas a ver aquello que antes no tenía ninguna perspectiva, es posible ver que el otro es una idea tuya, es siempre un pensamiento que tienes con respecto a una forma que se mueve.

El proceso llamado “humano”, por lo tanto, se trata de algo más profundo. ¡Vamos con calma! Todas las luces deben estar encendidas, estás pisando huevos.

Ahora no es tiempo

El buscador espiritual está, posiblemente, buscando entender el funcionamiento del Universo y como él se encaja en esa ecuación. ¿Ya descubriste como es que tú encajas en el esquema del Universo? Pondera la prepotencia de intentar descubrir cómo funciona el Universo y, a partir de ahí, poner todos los mecanismos en dirección de tu propia bienaventuranza.

Lo que está detrás de esa perspectiva es la no comprensión con respecto al Universo – por consiguiente, de ti mismo – y claro, la falsa idea de que necesitas de tiempo para encontrar lo que estás buscando. Aunque pienses que estás trabajando con ahínco para ese descubrimiento, esperando un bello día oír la palabra correcta que te hará “ver”, aun así estás equivocado. No es nada de eso, ¡lo siento mucho!

Entrar en el contexto propuesto por Satsang es sacar la mano de lo que sea que quieras, pues todo lo que quieres demanda de tiempo. Probablemente ya te pescaste a ti mismo diciendo que necesitas de más tiempo y, consecuentemente, ya oíste de tu propia boca que necesitabas integrar o digerir alguna novedad. ¿Cuántas veces ya dijiste eso? ¿Cuántas cosas has necesitado “integrar” sin nunca preguntar quién estaba haciendo tal propuesta internamente?

Antes de seguir adelante, mira: ¿Lo que estoy diciendo tiene relevancia para ti? Si sí, nota quién es ese o cuál es la estructura que necesita de tiempo para “integración”.

Entonces, en este momento, permíteme presentar el contraste entre dos cosas: una de ellas es lo que piensas que es y la otra es aquello que eres en verdad. Aquello que piensas que eres, no solo demanda tiempo, como también necesita de mantenerse integrado todo el tiempo. O sea, el tiempo es fundamental para aquel que piensas que eres. Mientras que aquello que eres no conoce el tiempo y no es un mecanismo en evolución.

Por lo tanto, propongo una distinción, a través de tu propia observación, entre lo que eres y lo que no eres. Sabe que lo que sea que pienses que eres, no eres tú. Solamente ese que se piensa todo el tiempo reproduce frases, tales como: “Necesito de tiempo para integrar lo que está sucediendo” o “necesito de un tiempo para entender, a solas, unas cosas que no entendí”. Si quieres la Verdad, es primordial que notes que esas propuestas son de tu mente. No estamos aquí para entender absolutamente nada. Por el contrario, nota que son esos mecanismos internos los que te “alejan” del Ahora, siempre demandando tiempo. Pero, al final, ¿cuánto tiempo necesitas para descubrir dónde queda el ahora?

La mente dice que, con el tiempo descubrirás dónde queda y cómo permanecer en el ahora. Sin embargo, propongo que refresques esa rancidez crónica y compulsiva de mantenerte siempre proponiendo un ideal preso al tiempo, al mañana. Necesito ser franco contigo: yo no tengo ningún tiempo para darte. Citando a Elvis Presley: “It’s now or never”. Es ahora o nunca, porque solamente ahora el ahora está disponible.

Banal: lo simple y lo complicado

Participante – Satya, noto que el estar en el mundo demanda planeamiento, y me gustaría saber cuándo ese planeamiento es del fluir o es una cosa mental, del control. Tengo la necesidad de comprender eso porque, a veces, hay un impulso de dejar suceder, suelto; pero noto que algunas cosas necesitan planeamiento.

¿Podrías ser más específica?

Participante – No sé… algo como una cena, por ejemplo. Necesito pensar en hacer la comida a las 6 de la tarde, si no, no va a dar el tiempo…

Banal.

Participante – O un trabajo que tengo que entregar en una fecha determinada…

Banal.

Tienes que tener la capacidad – y eso dice mucho de tu propia observación – de prever todas las posibilidades, todas las variables. Si llueve, ¿qué hacer? Si no tengo algo que necesito, ¿dónde encontrarlo? Cuando tengas que hacer algo, basta elaborar, de alguna manera, de modo que tengas todo a tu alcance. Eso es banal. Si estás en observación, es banal.

Voy a decir algo aparentemente absurdo aquí: la Consciencia es la cosa más racional que existe. La mente, curiosamente, es la cosa más irracional que existe. Cuando depende de tu mente, haces cosas innecesarias. Cuando funcionas a través de la mente, haces cosas completamente innecesarias. Cuando la acción viene a través de la Consciencia, solo haces lo necesario. La Consciencia tiene esa capacidad objetiva de dejar las cosas bien simples.

La mente, en otras palabras, siempre complica – complicación es la esencia de su existencia. Sin complicación, la mente desaparece. Nota. La mente es la que complica las cosas; sin la mente, no hay complicación.

Participante – A veces se me viene esa duda porque, cuando observo como mi mente funciona, noto que ella tiene algo de control – incluso por la descendencia oriental, en fin. Entonces me quedo con esa duda al respecto de cuando estoy organizando algo, de si estoy muy mental, queriendo controlar cada detalle. Pero eso que hablaste de la objetividad de la Consciencia es interesante.

Si existe la duda, es porque sí, la mente está. Entonces observa, mira cómo estás haciendo las cosas. Nota cómo sería, tal vez, no controlarlas. Si tu acción parte de un condicionamiento mental, lo opuesto será doloroso o, inclusive, imposible. Si fuese mental, la pelea va a ser dura. Pero si no fuese mental, no habrá el menor problema en soltar.

El milagro de lo simple, la mente, el mundo.

Osho dice algo muy puntual: “Si no puedes dejar el mundo mejor, más bonito, por lo menos no lo dejes peor”. Es para eso que sirve la observación – no deja nada peor. ¡Si no lo puedes mejorar, no empeores el mundo! Y eso tiene que ver con todas las relaciones, inclusive con el propio cuerpo.

En la medida que observas, ves que las relaciones, inclusive con el cuerpo, se renuevan – se revolucionan, se transforman. Bajo el mirar de la observación, hay cosas que te vuelves incapaz de hacer, porque pierden su función.

Participante – Eso promueve un retorno a la simplicidad, ¿verdad? Las cosas más simples son las más increíbles… de repente, estamos caminando por ahí y nos deleitamos con una gota de lluvia en una hoja.

¡Claro! La idea de lo pequeño y lo grande, de lo simple y lo complejo, es totalmente mental. Cuando eliminas eso, ves que cualquier cosa pequeña – que no es pequeña – es grande, es enorme. Quien desdeña es la mente. Sin la mente, no hay desdén. Todo tiene valor. Todo, todo, todo…

¡Tomar un baño es un milagro! ¡Dormir es un milagro! ¡Imagínate que no pudiésemos dormir! Es increíble poder simplemente deleitarse, sentír el cuerpo y… ¡pffff!

Si sales de la mente, todo carga un éxtasis en sí. Fuera de la mente, ves que toda la existencia no pasa de ser un profundo disfrute. Oír, hablar – ¡no hablar porquerías, claro! – oler… puro deleite. ¡Ve hacia dentro y mira! Solo la mente es capaz de dejar el mundo peor.