La capacidad de ver, la ira de la mente y los barcos imaginarios

La mente funciona como un ladrón, te roba de ti mismo. Sin pertenecer a un lugar específico, es universal y actúa apoderándose de todo lo que ve por delante, haciéndolo todo de ella.

La propuesta de todos los budas, de mirar hacia dentro, implica investigar la mente.

Investígala, para que veas tus creencias –que son, necesariamente, lo que la mente cree –y entonces, observas.

Como un ladrón, el mero hecho de oír la palabra “observar” hace que la mente se apodere de la expresión y luego pase a decir que está observando. Dice, inclusive, estar observando en tu nombre. Lo que hace que no notes que quien observa no es ella.

La mente no puede observar, pero puede diluir ese proceso de modo que haga la observación inaccesible. Por eso, cuestionar la mente es la cosa más importante que tienes que hacer. Antes de llenarte la boca con cualquier tipo de concepto, antes de llenarte la boca con palabras como “amor” y “meditación”, con promesas futuras, tienes que ver lo que es la mente y como funciona.

Sin esa atención, la mente te robará la verdad. Como ladrona que es, roba incluso la verdad de la verdad que la verdad tiene. La mente roba la verdad de tal manera, que la verdad se convierte en una mentira.

La mentira es muy fácil de ser aceptada por la mente. La verdad es inaceptable para la mente, la verdad rompe con los grilletes de la mente, la verdad rompe con la mente. La relación que tienes con tu mente acaba en presencia de la verdad. Y eso es tan radical, que es una rareza.

Constantemente, la mente se reorganiza y sigue chupando, robando, absorbiendo todo por donde pasa –inclusive aquello que propone acabar con ella, ella lo absorbe, lo transforma en su material. Y te quedas con las manos en el aire.

Si no estás alerta, es muy fácil caer en las trampas de la mente.

La mente no está interesada en la verdad, porque la verdad acaba con ella. Es así de simple. Voy a decirlo nuevamente: la mente no tiene interés en la verdad, porque la verdad acaba con ella. Y a menos que te hayas dado cuenta de eso, nada es posible. Porque sin esa percepción, haces solo lo que la mente hace: aglutina, adiciona, conquista, posee. Y como un barril sin fondo, nunca es suficiente para la mente.

Un maestro no es suficiente –dice la mente–, entonces va detrás de varios y planea hacer una síntesis, ella misma pretende tomar lo mejor que hay en cada uno. ¡Eso es la mente!

Sin embargo, la mente no puede tomar nada, o mejor, puede, ¿pero qué hace con lo que toma? Todo lo transforma en ella misma. La humanidad es esclava de la mente, y no es desde ahora, lo ha sido desde siempre. Romper con la mente es la cosa más rara; romper con la mente, verdaderamente, es la cosa más rara que existe.

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