La fragilidad de los huevos, el otro y el fin de la corrupción

Insistes en confrontar al otro, pero, ¿quién es el otro? Pregúntales a las personas cerca de ti, haz una investigación y, si puedes, mira con claridad y ve dónde está inserta la idea del otro en ti.

¿Dónde está el otro? ¿Está en tu pie? ¿En tu corazón? ¿En tu barriga? ¿En tus ojos? ¿En tus oídos? ¡Mira! No tiene nada que ver con el sistema corporal, no tiene nada que ver con la fisiología, no tiene nada que ver con esa estructura a la que llamas “yo”. Es mucho más sutil. Es por eso que el enemigo es siempre invisible. Si fuese visible, ya lo hubieses notado y ya habrías parado de sufrir. Más profundamente, es posible ver que el enemigo es tú mismo.

¿Por qué Jesús nos propuso amar a nuestros enemigos? Porque si amas a tu enemigo, listo, tu problema se acabó. Pero ¡cómo es difícil! ¿Verdad? Tú quieres matar a tu enemigo – el vecino-enemigo, la nación-enemiga, el partido-enemigo, el infiel amante-enemigo, etc.

Oímos de grandes sabios religiosos que, la verdadera religiosidad, el verdadero acto religioso, es lograr ponerse en el lugar del otro. ¿Qué quiere decir eso? Intenta percibir por qué el otro actúa de esa manera. En mi opinión, si me permites, es que no tiene la menor idea de la razón por la que actúa de esa manera. Está tan condicionado a responder a impulsos inconscientes que, simplemente, no sabe. Así, por lo tanto, tampoco tú.

Y, cuando dos personas inconscientes de si responden a sus oscuros impulsos, ¿qué puede resultar de eso? Por más que la bandera “fin de la corrupción” sea linda, ¿por dónde comenzar? ¿Quieres mi opinión, de nuevo? Comienza por ti. Sé honesto contigo mismo. Ser honesto con la honestidad es muy fácil, difícil es ser honesto con la deshonestidad intrínseca que proyectamos hacia el lado de fuera. Entonces, una vez más, ponerse en el lugar del otro es fundamental.

El mal no es el otro, el mal es quien yo pienso que el otro es. O que, en verdad, por consiguiente, es lo que pienso con respecto a quien yo soy, primariamente. Entonces, cuando los ojos se abren, cuando comienzas a ver aquello que antes no tenía ninguna perspectiva, es posible ver que el otro es una idea tuya, es siempre un pensamiento que tienes con respecto a una forma que se mueve.

El proceso llamado “humano”, por lo tanto, se trata de algo más profundo. ¡Vamos con calma! Todas las luces deben estar encendidas, estás pisando huevos.

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