Libre de la mente, libre de sí

La pauta de la mente es no tener un Maestro, es “ser libre”; ella quiere ser libre para permanecer inconsciente. Pero si miramos desde otra perspectiva… cuando se entraba en una orden de meditación – con el Zen, por ejemplo – toda tu “libertad” era perdida. “Tú” – la mente – no podías más esto, no podías más aquello, ni aquello otro. Estos tres pilares son fundamentales: ni esto, ni aquello, ni aquello otro.

Si se tomaba esa “libertad”, era porque había una función. Pues, ¿cuál era la libertad que estaba siendo perdida? Una libertad aparente, no verdadera. La libertad de ir al supermercado, de tener sexo o pensar lo que se quiera – eso no es libertad, eso es, exactamente, una situación condicionada de la mente.

La verdadera libertad es estar libre de la mente, es estar libre de quien piensas ser, libre de quien los otros piensan que eres, es estar libre del pensar, libre de ti mismo.

Pero la mente no lo comprende así, ella quiere ser libre para “tú ser tú mismo”. Lo que implica que ella no comprende un asunto fundamental: Si quieres ser tú mismo, ¿quién eres tú?

Es aquí donde entra el Maestro, porque mientras no sabes quién eres, todo lo que hagas será una prisión. Hasta puedes estar aparentando libertad, pero no pasa de ser una prisión.

En el momento en que dejas de engañarte con la mente, el Maestro está cumpliendo su papel. La verdadera libertad es ser libre de ti mismo.

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